ana me hace thailandes
Ana me hace thailandes/
Llevaba, yo, algunos dias perdido entre la psicoliturgia de Alejandro Jodorowski –no por ninguna razon especial, un cursillo, un tramite-, y me entraron ganas de ver a Luzia, de invitarle a unas rayas y acabar en la mejillonera hablando de nuestros años como duo musical. Hacia dos dias que no salía de casa y me encontré cuatro centímetros de nieve en las aceras, iba dejando mis huellas mientras me entretenia con la prensa de ayer, o de antesdeayer, que a mi kioskero le tengo avisado que me reserve los papeles, que yo pasaré a recogerlos. Pues eso, nieve y letras de fuego, que estaban quemando embajadas danesas en territorios arabes por aquello de haber viñetazido a su Mahoma en los suplementos culturales. Yo me entero con retraso, pero como no me siento danes ni arabe, llego hasta el horóscopo (de ayer, de antesdeayer?) y encuentro un mensaje de vitalidad, me dice que es el dia oportuno para encontrar a la madre de mis hijos.
Nos damos un beso Luzia y mis labios helados en la puerta de ese café que tiene la cristaleria diseñada con imágenes cafeinomanas y al que le faltan un par de sillas vacias para que nos sentemos. Bebemos en la barra, y fumamos, porque todavía permiten, mientras nos soltamos nuestros diarios del último mes. Porque hace treintaydos dias que no nos veiamos, eso me lo recuerda ella, y le pregunta al camarero si es primo de un amigo que ella tuvo en la univeridad. Luzia es asi, era asi cuando vivimos juntos hace un par de años, que acabó conociendo a toda la comunidad y yo tuve la suerte de transcribir sus noticias en un pequeño libreto de mudanzas desenamoradas llamado 22 escaleras. Mientras luzia se va al water o a descubrir a algun otro anónimo, yo recuerdo las razones que me obligaron a plantearle una separación momentánea, y me lanzó al telefono de monedas para llamar a Ana.
Ya lo sentí no haber terminado en la mejillonera con nuestras historias de musica, orgias y glamour, pero Ana me habia vuelto a colocar un cacahuete (si dijera un azucarillo mentiría, odio lo dulce) en la boca. Una cena tailandesa, se inaguraba un restaurante y ella tenia una reserva especial. Pues nada, un poco más de nieve (la otra se la dejé entera a Luzia, que ya habia hecho tropa para la nuit del sabado). Me inflé de agridulces pero me sentaron peor los sushis, y ahora salgo del baño mientras Ana se descojona con las anotaciones que le he puesto a Jodorowski, mirando de reojo Salsa Rosa, donde un novio de la novia se declara novia del novio. Me alegra que haga frio, y me da envidia que Luzia esté bailando en algun after de la provincia.
Astigar006
Febrero5
