Dias Borbón

-y ahora qué pasa!
-solo es una pequeña caravana, cari..........
-su puta madre!!!; llevamos parados media hora!!!!!
-seguro que éste ertzaina sabe lo que pasa........

el obligado ertzaina se tragó más de tres improperios de mi colega Txampi. Estabamos saliendo de la urbanización de Txanpi y la que le llamaba cari, su compañera Begoña. Yo iba escondido en los asientos traseros, leyendo un diario de hace diez dias, donde todavía no habia síntomas de tregua y donde las hipotecas estaban más baratas. Saqué uno de mis pequeños cuadernos para comprobar que hoy no tenia citas ni compromisos, y encontré un numero de telefono curioso. Empezaba con tres seises, seguia con tres nueves y terminaba con otros tres seises, osea 666999666. parecía más un dibujo que un numero de telefono, sino fuera porque a continuación tenia un nombre, Carla. Y yo no conocía a nadie con ese nombre, exceptuando a la Bruni, mi admirada ex modelo que ahora hacia unos discos que dignifican la nouvelle chanson. Y no creo que en mis peores momentos de borrachera hubiera dado con el movil de ésta lagarta tan genuina. Osea que algo fallaba, quizas era un Carlos escrito en estado de embriaguez, o quizas un delirio carlista, que en vez de escribir Rosaura, Penélope o Itziar, salió Carla.

Seguiamos en la caravana provocada por la visita de esos principes de Spain, Felipe y Leticia. Nos habia informado el paciente ertzaina, y mi colega Txanpi al final estuvo pidiéndole perdon para vender todo su odio a la pareja real, borbonica. Yo dudaba si marcar el telefono de la supuesta Carla, hacerme pasar por un vendedor de adeseeles o paketes de telefonia accesible al cable, o un encuestador de la realidad social y economica del pais. el cari Txanpi y su keri estaban discutiendo, empezaron a caer las primeras gotas de finales de marzo, y a mi se me ocurrió contarles la historia de Clara, una panadera que una mañana descubrió un duende en una barra de pan.”no era más que una niña y ya amasaba los panes y los pasteles en el pequeño obrador familiar, ejerciendo de observadora a las manos de su padre y sus hermanos. Su madre llevaba años enferma, desde que Clara pilló la rubéola, con un dolor inquebrantable de huesos. Para que os hagais una idea, Clara tenia 17, y cuando lo de su madre, solamente ocho. Llegaba del instituto al mediodia, dejaba la mochila con los libros y los cuadernos dispuesta a hundir sus dedos en harina, ayudaba a completar la hornada de la tarde y luego se entretenia en experimentar nueva pasteleria. Un dia, uno de los repartidores le animó a presentarse a un concurso de reposteria, y lo ganó. Su padre entonces empezó a tomarla en serio. Luego vinieron certámenes nacionales e internacionales y Clara fue adquiriendo un currículo lustroso, le llamron de importantes restaurantes, de algunas televisiones y de los mejores suplementos de gastronomia, Clara solo aceptó un programa de radio, que llevaba una amiga suya, Carmy, que se emitia a nivel nacional los sabados por la tarde .Un sabado de marzo muy lluvioso –casi como hoy, chicos, les dije-, mientras preparaba el final del menu, le avisaron de una urgencia. Su madre estaba a punto de palmarla. Le puso nombre al postre, La madre enferma, llevaba mucho azucar acaramelada y fruta, tanta fruta que no consigo acodarme. Cuando llegó al hospital, su madre ya estaba en el tanatorio. Clara ha escrito un libro de recetas y como me conocía del portal y sabia de mis desvarios con la literatura, me ha pedido un prologo. No me he podido negar, y cualquier dia de estos se lo entregaré. Pero ella me
ha llamado ésta tarde diciéndome que no quiere una historia corriente, que ella no es una estrella mediatica cualquiera. Que la convierta en drag-queen si es necesario. Y yo he repasado mi infancia, cuando me robaba el flotador y quería unirse al grupo de los chicos porque se aburría con las chicas. Hurgando en la memoria (tal vez falseada por el alcohol y los malos humos) he encontrado la escena que me faltaba..........

iba a contarles la historia del duende cuando nos cayeron doscientos huevos, cuatrocientos tomates y unos kilos de berdeles encima del coche. A mi colega no le entraban las marchas con los nervios, Bego gritaba agarrandose a él, y yo intentaba marcar un numero de Sos Deia, para que nos echaran una mano. Quizas el capullo de Txanpi tenia un aire a Felipe, pero Bego!!!!!...bueno, es que estaba sentada.
Astigar006